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La revancha del Saocom: ideado hace 20 años, parte en 2018 satélite argentino que alertará sobre inundaciones

Tras casi dos décadas de bocetos, idas y vueltas, estudios preliminares y años de intenso trabajo, el satélite Saocom 1A ingresó en su etapa final de pruebas para ser lanzado finalmente en agosto. Tendrá como primer mandamiento elaborar un mapa detallado de la humedad del suelo en nuestro país, que será una herramienta clave para los productores agrícolas y servirá para alertar sobre posibles inundaciones. Recién comenzado el año, y con “expectativa máxima” según describe, ámbito.com dialogó con el ingeniero Fernando Hisas, Jefe de Proyectos de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).

“La idea nació hace unos 20 años. A poco de empezar vino la crisis de 2001, entonces arrancaron los altibajos y hace una década más o menos se retomaron los estudios preliminares. Pero el tramo fuerte, cuando realmente se comenzó a trabajar en los detalles, fue hace unos 6 o 7 años. Le metimos con todo y acá está. Si tomamos en cuenta la última etapa, no tardamos tanto. A Japón le llevó unos 10 años hacer su primer satélite de este tipo”, recuerda.

El Saocom (Satélite Argentino de Observación con Microondas) tiene dos partes principales: una es la plataforma, para todo lo que tiene que ver con su orientación, la potencia y la comunicación. La otra es la carga útil, el “alma” del aparato, monopolizada por una voluminosa antena radar de 1.500 kilos de peso. “Casi podríamos decir que no es un satélite con un radar sino un radar con un satélite. La antena mide 10 metros por 3 metros y medio, en el espacio es una dimensión enorme. Pero así son los satélites de banda L, los indicados para el objetivo de medir la humedad del suelo”, explica Hisas.

A diferencia de un satélite óptico, que toma fotografías como una cámara, el radar emite su propia luz, envía los pulsos de microondas a la Tierra y esa energía electromagnética interactúa con la materia que encuentra: un techo, un árbol, una zona de cultivos, etc. Luego, una muy pequeña parte de la energía de esa interacción llega al satélite, que la recibe, la procesa y la manda a la estación terrena, donde finalmente se obtienen las imágenes.

“Las imágenes son similares a las que puede generar el ojo humano, pero donde cada pixel tiene un significado diferente. Porque no es el resultado de una luz que te muestra el rojo, el azul o el verde, como en una foto, sino cómo ese techo, árbol, o cultivo se comportan ante el pulso de microondas”, aclara.

La banda L puede examinar si en regiones con pronóstico de lluvia los suelos están saturados de humedad, y así determinar zonas en riesgo de inundaciones. Además atraviesa las nubes y aun en medio de la noche o tormentas puede “ver” en detalle cómo está una parcela inundada. Por el contrario, si los suelos de los bosques están muy secos, alerta del riesgo de incendios. También permite generar modelos matemáticos en 3D para proyectar cómo evolucionará una situación crítica. Todas variables que impactan de lleno en la capacidad productiva, ya que permitirán medir posibles enfermedades de los cultivos y crear sistemas más eficientes de riego y aplicación de fertilizantes.

El radar se fabricó en el país mientras que Italia, como parte de un acuerdo de cooperación vigente, aportó elementos de importancia como los módulos de transmisión y recepción en la antena del radar. Ese aporte, tal cual lo estipula el convenio, será retribuido con la entrega de las imágenes que el país europeo solicite.

•NUEVOS DESAFÍOS

Con el transcurso del tiempo se fueron agregando otras materias de estudio y nuevos desafíos. “La información para el agro y las emergencias hídricas ya de por sí justifican la misión, pero estimamos que esas imágenes de alta precisión serán el insumo primario de muchos otros productos para aprovechar. Un dato es claro: cuando el Gobierno solicitó financiación al Banco Interamericano de Desarrollo, el BID envió economistas para estudiar el proyecto. Y determinaron que incluso ante la posibilidad de elaborar solo tres mapas (emergencia hidrológica, sanidad vegetal y productividad agropecuaria) ya sería rentable”, relata el especialista.

En la actualidad, desde el Gobierno se analizan los mecanismos para comercializar los servicios de imágenes pero, sobre todo, la elaboración de paquetes de información a pedido de países o empresas. “Nos dimos cuenta de que el proyecto da para mucho más y que el interés internacional es grande. Por eso no queremos ofrecer exclusivamente la imagen de radar, queremos brindar relevamientos completos”, añade.

El plan contempla convenios internacionales y acuerdos en distintos países para poder “bajar” los datos en la estación más conveniente y liberar la memoria del satélite. Finalmente, los datos se enviarán a la estación de la CONAE en Córdoba para ser procesados y generar las imágenes y productos.

Saocom podrá tomar 225 imágenes por día, pero deberán ser programadas ya que supone un consumo de energía importante y porque, además, solo se pueden aprovechar para ese fin unos 15 minutos por órbita. Lo que no parece mucho pero es bastante, si se tiene en cuenta que tarda una hora y media en dar una vuelta a la Tierra.

Será también importante la asociación con cuatro satélites italianos de radar en frecuencia de banda X, ubicada en la otra punta del espectro. Como algunos relevamientos requieren de las dos bandas, y aprovechando que los europeos poseen una empresa de comercialización, la idea es ofrecer en conjunto el combo de frecuencias X+L.

Al Saocom 1A le queda una estadía corta pero agitada en nuestro planeta, antes de tomarse revancha de tantas dilaciones que amenazaban sus sueños espaciales. Ya fue testeado a nivel funcional y ahora ingresa en la fase final de las pruebas ambientales. Para junio se prepara el traslado a la estación Vanderberg, en California, desde donde será lanzado a mediados de agosto. De allí en más, los técnicos argentinos tendrán unos meses para asegurar el funcionamiento de la plataforma, estabilizarla, desplegar el panel solar, poner en funcionamiento el radar, calibrarlo y, para fin de año, generar las primeras imágenes.

Pero solo pasará un tiempo en soledad: en 2019 se enviará al Saocom 1B, un hermano gemelo que le dará una mano para mapeos más exhaustivos que necesiten de una “doble visión”. Con una vida útil estimada en al menos cinco años, la ambición, luego de tanta espera, es que su misión se alargue bastante más allá de los pronósticos.