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    Ecuador vs Argentina 10/10/2017 Foto: Mario Quinteros

Una vez más fue todo de Messi: Argentina a Rusia 2018

Argentina venció 3-1 a Ecuador y selló su pasaje al mundial de Rusia 2018. Los de Sampaoli perdían antes del minuto de juego y lo dieron vuelta con tres goles de la Pulga.

Otra vez Messi y hasta cuándo Messi

“El dueño del juego” lo resumió post-partido su compañero, amigo y  tutor futbolístico, Javier Mascherano.

Es que en los momentos difíciles el 10 nunca te deja a pata, ha sucedido a lo largo de su trayectoria en la selección. Lionel Andrés Messi, indiscutido en el mundo entero y criticado por unos cuantos aquí, en su país (de forma inexplicable e inentendible) apareció y respondió cada vez que lo llamaron. Que no canta el himno, que no habla, que no putea, que no es líder, siempre le buscan el pero. Sin embargo Lio no entra en esa polémica, el hace lo que mejor sabe: jugar a la pelota. Porque si, Messi juega a la pelota, se divierte y además siente la camiseta como ninguno, o no lo viste llorar en Brasil y en las dos finales perdidas ante Chile, parecía un nene al que le habían sacado un juguete o acaso no declaró alguna vez “cambiaría todos mis logros personales por un título con la selección”.

La pulga es así, no confronta, no discute, deja que opinen, que critiquen y se defiende de la línea de cal para adentro, en su sitio y con su mejor aliada, la pelota. Ayer Di Maria jugó a su juego, se la devolvió redonda, eso necesitaba el 10, que le reboten bien una pared. Esa pared sirvió para que Messi a los 12′ la envíe al fondo de la red con gran sutileza y convierta, quizá, uno de los goles más importantes de su carrera, el empate ante Ecuador para devolverle la ilusión a más de 40 millones de argentinos que antes del minuto de juego habían observado como Romario Ibarra convertía el 1 a 0 para los locales, un gol que en ese momento dejó sin esperanzas a más de uno.

La altura, los malos resultados y la falta de gol eran un detonante del mal momento de la selección, pero a los 20′ “frenemos ahí..” dijo Lionel y luego de un pase largo enviado por Di Maria, se la robó al central Aimar para sacar una bomba con su zurda de cristal y poner el 2 a 1 que desató la euforia del pueblo argentino. Ese grito contenido, que pedía salir, que decía “basta, no nos merecemos sufrir tanto”, justamente ese gol, debía ser marcado por Messi, nadie lo merecía mas que él, para una vez más demostrar (aunque no haga falta) que es el mejor del mundo, lejos.

“El pase firme, la cabeza arriba y si no saben que hacer con la pelota me la dan a mi” dijo Riquelme alguna vez. Es que claro, cuando de tu lado está el mejor, las cosas son más fáciles y simples, hay que dársela redonda. Algo va a inventar, así son los diferentes.

Todo eso fue Messi ayer, en realidad lo es siempre, pero los incoherentes le buscan el pelo al huevo, quieren que tire el centro y vaya a cabecear.

A los 62 minutos, en el segundo tiempo, Lionel la frenó con el pecho, encaró a lo Messi y definió genial por encima del arquero, para coronar la victoria y sellar la clasificación Argentina a Rusia 2018, algo que muchos ponían en duda y hasta me animo a decir: querían que suceda. Los anti-Messi por supuesto, refugiados en las posturas de una parte del periodismo que criticó de manera excesiva al seleccionado.

El rendimiento del equipo no merece ser analizado en este momento, ayer alcanzó con tener al mejor defendiendo la albiceleste. Acompañado por el Di Maria que todos quieren, un Enzo Pérez que fue dueño de la mitad de la cancha, un Otamendi que de a poco se va transformando en pilar y el trabajo sucio y necesario de Benedetto y Salvio.

Rusia 2018 era el objetivo, Atahualpa y sus 2850 metros de altura eran el desafío, perdiendo antes del minuto y padeciendo esa cuota de mala suerte. ¿Difícil? si, muy. Pero era un partido de fútbol y nosotros tenemos, afortunadamente, al que mejor entiende este deporte, Lionel Andrés Messi.

En las tribunas, festejaban los entusiastas tres mil hinchas argentinos. Camino al vestuario, Messi se mantuvo en silencio ante la requisitoria periodística pero sólo porque era tiempo de festejo. Luego habló. Pero antes se abrazó con cada uno de sus compañeros y con Jorge Sampaoli. Ya en el vestuario, se trepó a un banco, con el torso desnudo, como bastonero de la felicidad, como un hincha más. Llego el ansiado triunfo, no había himno, sólo desahogo.