El Mediterráneo sigue siendo una fosa para miles de refugiados

Tres años después del primer gran naufragio de refugiados en ese mar y con más de 5.000 muertos en 2016, Europa sigue sin dar una respuesta humana a la crisis migratoria.

3 de octubre de 2013. Al alba. A menos de dos millas náuticas de la isla italiana de Lampedusa naufraga una barcaza de madera con más de 500 personas a bordo. Mueren 366.

Pocos días después, el entonces presidente de la Comisión Europea José Manuel Durao Barroso y el entonces primer ministro italiano Enrico Letta presiden el funeral ante cientos de féretros sin nombre. Barroso promete “que la Comisión Europea hará todo lo que pueda para ayudar a cambiar esta situación”.

Italia pide una reacción europea, pero la solidaridad queda en palabras. Roma, en solitario, monta la operación “Mare Nostrum”, un despliegue naval para rescatar migrantes.

Un buque anfibio, dos fragatas, cuatro guardacostas de alta mar y seis de patrulla costera, tres aviones de vigilancia marítima, 900 personas y un presupuesto mensual de 9,5 millones de euros. Cubre 70.000 km2 de Mediterráneo y en un año saca con vida del mar a más de 160.000 personas.

La operación muere de éxito. En las capitales del norte de Europa no gusta porque muchos de los rescatados, tras desembarcar en Italia, siguen rumbo al norte.

La entonces ministra de Interior británica y hoy primera ministra Theresa May dice en Bruselas que no ayudará en los rescates porque al salvar a los refugiados se alienta a otros a cruzar. Su homólogo español Fernández Díaz compara a los refugiados con “una gotera” que hay que taponar.

Italia pone fin a “Mare Nostrum” cuando la UE lanza una operación bautizada “Tritón” y coordinada por Frontex, su agencia de control de fronteras.

“Tritón” es diferente a “Mare Nostrum”. Tiene menos medios, menos ambición y otro mandato. Sergio Maydeu, analista internacional, explicó a Clarín que los buques de Tritón patrullan “más cerca de las costas europeas, reduciéndose así su capacidad de prevención en el rescate de los barcos que salían principalmente de las costas libias. ‘Tritón’ asumió un rol de operativo de seguridad, en vez de salvamento y rescate”.

Meses después los gobiernos europeos amplían los medios y el alcance de “Tritón”, pero no su mandato, que sigue siendo el de la vigilancia fronteriza, aunque cuando recibe llamadas de auxilio acude porque lo contrario violaría el Convenio Internacional sobre Búsqueda y Salvamento Marítimo.

Cuando se cambió “Mare Nostrum” por “Tritón” los gobiernos europeos escondieron un informe interno de Frontex que advertía que esa decisión provocaría más muertes: “Hay que remarcar que con la retirada de recursos navales, si no se planea bien y se anuncia con tiempo suficiente, resultaría en un número de víctimas mucho mayor”.

Las tragedias se repiten. Abril de 2015 es el peor mes. El día 12, en un intento fallido de rescate por un buque mercante mueren 400 personas. Seis días después el naufragio de una barcaza provoca la mayor tragedia de los últimos años: 800 muertos. El Mediterráneo se está convirtiendo en una fosa común.

El Parlamento Europeo aprueba ese mes una resolución en la que pide “una operación europea de rescate sólida y permanente que actúe en alta mar y a la que todos los Estados miembros contribuyan financieramente, con material y activos”.

Esa misión debe “incluir un mandato de búsqueda y rescate” y “expandir sus operaciones” a las zonas con más naufragios. El presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker reconoce a los eurodiputados que cancelar “Mare Nostrum” costó vidas.

Acusados de mirar “con los brazos cruzados”, los gobiernos del bloque completan Tritón con una nueva operación, “Eunavfor Med”, -rebautizada más tarde como “Sofía”- para “poner fin a la tragedia humana que enfrentamos”.

“Sofía” va un poco más lejos que “Tritón” pero tampoco es una operación de búsqueda y rescate. Su mandato es el nuevo mantra europeo, luchar contra los traficantes de personas. Se llega a estudiar –y se descarta- destruir en la costa libia las barcazas que usan los migrantes.

Nabila Massrali, portavoz de la “canciller” europea Federica Mogherini, explicó a Clarín que “la operación ‘Sofía’ se diseñó para romper el modelo de negocio de los traficantes de personas en el mar. Su principal objetivo no es salvar vidas, pero ha ayudado a salvar a 71.777 personas, según datos de principios de noviembre”. Mogherini piensa, según Massrali, que “romper el modelo de negocio de los traficantes es clave para prevenir más tragedias en el Mediterráneo”.

Jorgen Carling, profesor de Migración en el ‘Peace Research Institute’ de Oslo explicó a Clarín que “el problema para la inmensa mayoría de los refugiados es que los traficantes son la única oportunidad para alcanzar otro país. Durante años, la política europea se ha dedicado a hacer lo más difícil posible llegar a Europa y pedir asilo. A Europa le gusta la Convención de Refugiados pero no los refugiados”.

Un informe del “Mediterranean Migration Crisis Group” asegura que las barreras a la llegada de refugiados y migrantes benefician a los traficantes porque quienes quieren llegar a Europa no tienen otra alternativa.

Franck Duvell, de la Universidad de Oxford y uno de los autores de ese informe, asegura que “los dirigentes europeos han repetido que están ‘en guerra’ contra los traficantes de personas, pero la evidencia sugiere que fomentan ese tráfico”.

El hueco dejado por ‘Mare Nostrum’ y nunca ocupado por ‘Tritón’ y ‘Sofía’ lo suplen como pueden buques de ONGs. Médicos sin Fronteras (MsF), Médicos del Mundo, SOAS o Proactiva, entre otras, rescatan a los migrantes y los desembarcan en puertos de Sicilia o los trasladan a buques de ‘Sofía’.

Paula Farias, coordinadora de la misión de MsF, explicó a Clarín que “Europa ignora una crisis humanitaria priorizando el control de fronteras y olvidando sus obligaciones con los refugiados. La alternativa sería abrir vías seguras para que pudieran llegar a Europa sin jugarse la vida, que la UE deje ese doble discurso de que reconoce el derecho al asilo pero primero te tienes que jugar la vida en el mar en un gomón inmundo”.